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Los panelistas de “La Voz de los Que Sobran” dedicaron varios minutos a criticar algo que todos vemos, pero pocos cuestionan: el tratamiento sensacionalista de los medios tradicionales chilenos sobre temas como tomas, delincuencia y seguridad.
¿Qué es el “morbo”? Es ese sentimiento incómodo que te hace quedarte mirando algo que sabes que está mal, pero no puedes dejar de ver. Como cuando hay un incendio y la gente se queda pegada mirando, o peor, se saca selfies mientras las casas se queman detrás. Es el mismo impulso que hace que la gente se detenga a ver a una turba golpeando a un mechero en la calle.
Los matinales chilenos viven de eso. Rodrigo Herrera, ex conductor de “Mucho Gusto”, contó que en su programa trataban de hacer algo distinto: entregar buena energía, bailar, ser livianos. Pero hoy los matinales cambiaron de estrategia. Ahora conectan con la audiencia a través de emociones negativas: miedo, rabia, morbo.
¿El resultado? Móviles en fiscalizaciones de motos, cámaras en tomas de terrenos, periodistas interpelando a pobladoras como si fueran autoridades corruptas (caso José Antonio Neme gritándole a una señora de la toma de Quilpué). Todo con un solo objetivo: que la gente sienta que hay un “enemigo” ahí afuera que los amenaza, y que la televisión está “defendiéndolos”.
El problema es que esto no soluciona nada. Es pura barra brava. Como el fútbol o el boxeo: queremos ver a “nuestro lado” aplastando al otro. Y los medios lo saben. Por eso siguen preguntando por Cuba en cada debate presidencial hace 16 años. No importa la respuesta, importa el show.
Mientras tanto, los problemas reales —déficit habitacional, falta de acceso a salud mental, enfermedades raras sin diagnóstico, cuidadoras agotadas— no tienen cámaras ni móviles en vivo. Porque eso no genera rating. Eso requiere empatía, criterio y ganas de buscar soluciones. Y para eso, lamentablemente, no hay tiempo en la TV del morbo.
